
Muchos dirían que está algo loco. Hay quienes lo relacionan directamente con el terrorismo. Otros no pueden evitar recordar sus polémicas declaraciones. Lo cierto es que Carlos Tapia es un personaje singular. Estudió Ingeniería Agrónoma en la Universidad San Cristóbal de Huamanga, mas curiosamente, su carrera política, iniciada al unirse al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) a los 22 años, lo hizo más conocido. Ha participado en seminarios y conferencias sobre terrorismo en diversos países de América Latina y Europa, fue miembro de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, ex ideólogo del Partido Nacionalista Peruano y en las últimas elecciones, asesor de Ollanta Humala en Gana Perú. Actualmente es asesor de la PCM y afirma que la vida ya no hace feliz a los peruanos, pues existe una desigualdad que nos condena y es apoyada por los medios.
¿Tú eres el que va a arreglar el wi-fi, no? - Me preguntó, en el acto, apenas le extendí la mano. Nunca supe si me estaba jodiendo o si realmente creyó tal cosa. Vestía un buzo, como silo hubiese cogido justo antes de salir a trotar al parque. Su pareja estaba allí cerca y me aproximé a saludarla. Se veían muy hogareños. Era un ambiente cálido y tranquilo. Le conté que el día anterior lo había visto en la universidad, en la conferencia con Santiago Pedraglio u Salomón Lerner. - ¿Estuviste? ¿qué tal? - Quiso saber. Lamentablemente, tuve que confesarle que no me habían dejado entrar, pues había llegado tarde. - Con esa barba pues, quién te va a dejar entrar. Tuve que reírme. Ciertamente, era más gracioso de lo sospechado. Luego de hablar sobre la universidad e intercambiar algunos chascarrillos -la mayoría eran suyos, yo sólo me reía-, arrancamos.
Violencia Política.
Empezamos desde la raíz. Considerado experto en temas de terrorismo – especialmente Sendero Luminoso (SL) -, quise saber de su pasado en la Universidad de Huamanga. ¿Cómo conoció al Presidente Gonzalo? ¿Qué tan cercanos eran? Se frotó el mentón y respondió, casi en el acto, que en efecto, esa era su casa de estudios, y estaba orgulloso de ella.
- Conocí a Abimael Guzmán en la universidad. Era profesor en la facultad de educación. Llevaba su cargo un curso llamado historia de las ideas políticas. Yo era jefe de práctica de matemáticas y a la vez, alumno de ingeniería rural. Nunca fuimos realmente amigos. El era mayor que yo, además, yo militaba en la izquierda y él era conocido por ser del Partido Comunista. Nunca pensé hacerme comunista, jamás tuve esa predisposición a aceptar las cosas que él difundía. Además, yo era católico e incluso cadete de la Escuela Naval del Perú. Él criticaba a los guerrilleros: al Che Guevara, lo llamaba ‘tipejo’, era obvio que no teníamos puntos en común, al contrario, había polémicas, discusiones, entre los que eran de SL y los que éramos de la izquierda, llamémosle ‘nueva’, no comunista. Es sabido que, por ese entonces esas eran las polémicas en las universidades: entre los senderistas y los que estaban con el MIR, con Vanguardia Revolucionaria y que después formamos Izquierda Unida y participábamos en las elecciones. Ellos consideraban que éramos unos electoreros, traidores, cosas por el estilo.
Su experiencia como senderólogo parece divertirle. Habiendo publicado numerosos estudios en torno a esta organización terrorista como ‘La autodefensa armada del campesinado’ y ‘Sendero Luminoso y FF AA: dos estrategias y un final’, podemos afirmar que el tema lo encandila. Me contó que en el año 1980 fue candidato a una diputación por Ayacucho, por la Unión de Vanguardia Revolucionaria (UDVP). En ese año empezó a estudiar al grupo terrorista. “SL empezó a matar a todos, obviamente te darás cuenta de que tuve que salir de Lima disparado, porque si no, me mataban. Y cuando regresé a me di cuenta que acá la izquierda no tenía claro que era SL. Consideraban que el camino hacia la lucha armada era el indicado, mucha gente de izquierda estaba confundida y por lo tanto decidí especializarme. Estuve de Diputado de la Nación y Miembro de la Comisión de Defensa y Orden Interno y empecé a dar conferencias sobre el terrorismo. Publiqué en La República 212 columnas sobre SL. Era consultor de las empresas, pues todas querían invertir en esas zonas y querían ver qué pasaba con la violencia… Creía en una posición militante en la que se podía luchar por la paz. Después fui miembro de la CVR y allí me tocó coordinar con otros miembros todo lo concerniente a SL. Para ese entonces, ya conocía bastante”.
Dicho esto, agregó que la violencia política no se redujo, en su vida, solamente a ideas. El 29 de diciembre de 1993, SL dinamitó su casa en Lima. Él no estaba presente. “Han muerto muchos amigos míos por SL… - sostuvo, reflexivo - Y también muchos otros asesinados por los malos elementos de las FFAA”.
Violencia urbana.
Estábamos solos en su sala. A pesar de haber mencionado su premura, Carlos parecía tranquilo, sosegado. Cuando pretendí pasar de temas de su relación con la violencia política a su interacción con la violencia en la ciudad, se mostró un tanto reflexivo. El asesor de Lerner en la PCM no vaciló al escuchar la palabra feminicidio.
Para él todo gira en torno a la igualdad. Esta problemática es más recurrente en el campo que en la ciudad. “Si un día cualquiera, un hombre asesina a su esposa porque le engaña con otro campesino, ¿qué sucede? Nada, nadie se entera. Lamentablemente, muchos no tienen a quien recurrir. Algunos ni siquiera tienen DNI, no están registrados”, sostiene. En su percepción, esto guarda relación con nuestra sociedad machista y patriarcal, en la que la mujer todavía es un objeto subordinado al poder del varón. Tapia afirma que aquello sucede en países como el nuestro, en los que cuanto más atrasada sea la sociedad, más natural se da la violencia doméstica en todas sus facetas. “Es una parte oscura que la sociedad no quiere reconocer, que tiene que ver con la búsqueda de la libertad, de una sociedad libre, una en la que los hombres no tengan esos miedos, traumas y secuelas en la formación de su personalidad que los llevan a hacerle daño a las mujeres. Esto es algo que nunca se ha conseguido. Aquí el hombre vive ocultando sus temores, creyendo que siempre tendrá el dominio de la situación, que puede hacer lo que le plazca. Eso es parte del atraso. Sólo se podrá superar cuando nuestra sociedad sea más libre a través de la equidad” – Repuso, volviendo al tema de la igualdad.
¿Pero qué podría hacer el gobierno para fomentar ese pensamiento de libertad e igualdad? Su respuesta fue de lo más insospechada.
- Hay que meter presos a todos los violentistas. Si le pegan a tu mamá, ¿por qué no pedir que metan preso al que lo hizo?
- Entonces – respondo – ¿Me está diciendo que para erradicar la violencia tenemos que meter presos a todos los victimarios?
- Pero por supuesto – afirma, sin vacilar – No me cabe la menor duda. ¿Te agrada el escenario en el que la pobre mujer se acerca a la comisaría con el rostro golpeado y el ojo morado, y el policía le diga ‘bueno, algo habrás hecho para que tu esposo te deje así’?
- No le digo que esté mal ¿Pero acaso esa es la única solución?
- Jamás. Nunca hay una sola solución. Debemos comenzar por algún lugar, y ese es un buen punto de partida, ¿no te parece?
Violencia y los medios.
Continuamos hablando de la ciudad, mas esta vez tornándonos más coyunturales. La desgraciada muerte del aliancista Walter Oyarce y la galería de personajes inculpados todavía siguen invadiendo la prensa. La desaparición de este joven de 24 años todavía es fruto de miedos e indignaciones. Tapia está más que enterado del asunto, y aprovechó la oportunidad para invitarme a una marcha encabezada por el presidente Humala este 15 de octubre.
Ese día habrá una marcha de la sociedad peruana, de rechazo a la violencia social. Estos problemas suelen responder a diversos complejos y problemas tanto sociales como individuales. Cuando sucede algo tan terrible como lo que le ocurrió a este chico, se debe actuar, haciendo que la sociedad civil se levante. Todo lo que pueda hacer un ministerio o el gobierno en sí mismo nunca será suficiente. Si no hay participación y no se genera una consciencia colectiva y nueva de rechazo de estos actos condenables, las cosas jamás saldrán bien.
Su entusiasmo no flaqueó. Al contrario, se mostró más serio y decidido. “Hay algo que todos deben entender. ¿Tú sabes el nombre del chico, del aliancista asesinado, verdad? De acuerdo, y dime ¿por casualidad no sabrás también el nombre del chico del Sport Boys que murió apuñalado por los barristas? La gente no lo sabe porque la prensa no se interesó en él... ¿Y por qué crees que se preocupó por un joven fan de Alianza Lima que se ha caído del palco y no lo hizo cuando acuchillaron a este joven humilde de barrio, de los barracones del Callao? Porque era alguien en un palco, en su lugarcito en la tribuna norte. ¿Se desató algún escándalo por el chico apuñalado? ¿Se hizo una marcha? No. Debemos reflexionar. Esto sucede porque los hechos son recogidos por el periodismo de acuerdo a sus intereses”.
Tapia prosiguió, proponiendo ejemplos ajenos al fútbol. “Desde febrero a julio del 1992, SL puso 17 coches bomba alrededor de Lima. Uno fue el de Tarata. ¿Qué hay de los otros 16? Los de Tarata fueron víctimas inocentes, pero carajo, ¿y los muertos de Puentepiedra? ¿El coche bomba de la comisaría? ¿Y los del coche bomba en Villa El Salvador? No valen lo mismo. La prensa levantó todo ese polvo con el incidente de Tarata porque sucedió en Miraflores. No puede ser que en un país nos fijemos en la violencia sólo cuando hay muertos de la clase alta. Otro ejemplo: tras la matanza de los ocho periodistas en Uchuraccay en 1983, todos los 26 de enero, fecha en la que sucedió la masacre, hay una marcha de los deudos por la comunidad. Yo los acompañaba, pues me parecía una responsabilidad compartida e importante. Pero con el tiempo, la comunidad empezó a recibir a los periodistas y a los familiares de los fenecidos de una manera no muy respetuosa. Finalmente, un año en el que los acompañé hubo una feria en la que vendían chicharrones, bebida, de todo. Indignado, busqué al presidente de la comunidad y le pregunté por qué dejaba que eso suceda. Él me llevó a una esquina y me dijo: ‘lo que pasa es que usted viene porque sabe que esos son sus muertos. Pero en nuestra comunidad tenemos 135 muertos, nadie viene por ellos, nadie sabe quiénes son’”.
Todo esto, según Carlos, atañe a una desigualdad que nos retiene y es intensificada por el periodismo. En el Perú, afirma, existe esta desigualdad que no solamente se expresa en los niveles de vida, sino en cómo está construida la sociedad. – Todo esto demuestra que los medios cumplen una función deformada de su profesión, porque están sujetos al rating y a la condición económica de la empresa. Se debe construir otro periodismo reflexionando en torno a este problema.
- Como hincha del Sport Boys, ¿qué nos puede decir sobre las barras bravas y el caso Oyarce?
No voy mucho al estadio, pero creo que este es un problema que tiene que interiorizarse para resolverse. Las barras bravas son una expresión de la ira contenida y de la frustración de la vida de los jóvenes, ellos no están contentos, por ello beben o se drogan. En el Perú, la gente ya no es feliz, la vida ya no hace feliz a las personas., se sienten frustradas y esto es parte de un sistema que nos lleva a competir permanentemente. Este sistema dice ‘todo vale si te hace feliz, no importa lo que pase con el resto, lucha, no seas cojudo. Entonces, yo le meto marihuana, PBC, entre otras cosas. No tienen límites y eso es producto de una enfermedad muy profunda no sólo de nuestra sociedad, sino del mundo. Recuerda lo que está pasando en España o en Grecia. La desigualdad es muy grande. Es por ello que, para sosegar ese comportamiento, reducir esos actos, debemos luchar por una sociedad que goce de igualdad y eso sucederá cuando los medios de comunicación estén al servicio del cambio y no propendan a seguir manteniendo esa diferencia.
