Podrías confesar que, de todas las veces que te imaginaste en un concierto de Zoé, jamás tu mente recreó un lugar tan pequeño como la discoteca Vocé. Eso lo atribuyes, por supuesto, a que siempre los has visto demasiado geniales para tan menudo espacio. Mas la cita se dio allí mismo, en un 10 de diciembre que pocos de los que asistieron podrían olvidar, como los agotados muchachos que cargaban las latas de Brahma que te vendían a tres por 10 soles, o los monstruosos regordetes que adquirían para ti la entrada de tu anhelo a último momento y por el precio co
ncertado. Tu hado, por azares inciertos, te jugó una vez más una oportunidad irrepetible y lograste obtener tu pase de acceso a tan mítico suceso mucho antes de la noche citada. No te amilanas, pues no consideras aquello un derroche y, entre el millón de soles sustraídos del hogar del ex presidente de la Corte Suprema, la muerte de una contadora de veinticinco años a causa de la desolación encarnada en las barras bravas, o la inusitada presencia de un espía en la Fuerza Aérea Peruana que ha estado vendiendo información a nuestros vecinos mapuches, anhelas un respiro. Tu existencia transcurre bajo tesituras coyunturales realmente caóticas, de acuerdo, así que por qué no seguir la deliciosa lírica que nos obsequia la imposible voz de León Larregui: “hoy voy a pasarla bien. Me voy a amplificar, me voy a desvanecer”. Vamos, te lo mereces.
Y es que la agrupación formada por el vocalista León Larregui, el guitarrista Sergio Acosta, el bajista Ángel Mosqueda, el baterista Rodrigo Guardiola y el tecladista Jesús Báez, parece arrasar con toda adversidad casi tan infaliblemente como nuestra deuda externa. Fundado en 1997, Zoé tiene en su haber cinco discos de estudio, cinco compilaciones, un disco en vivo, múltiples nominaciones y el premio MTV Latinoamérica a Mejor Artista de Rock del 2009, con toda una amalgama de géneros vomitando esos acordes, esos teclados y esas palabras glamorosas que tienen como evidente consecuencia tu aparición – y la de muchos otros pelmazos melómanos - en el Vocé.
“Y a veces llora mi piel… Cuando se empaña en anhelo”. Recuerdas ese fragmento de Vía Láctea y te retuerces entre la conmoción y la música de fondo que no puede contener tu impaciencia. Sin embargo, has esperado lo suficiente y finalmente arriban al escenario, uno a uno, la banda de rock más potente de la escena independiente mexicana te saluda a ti y a toda la caterva de monstruos extasiados con la que sin problemas logras identificarte.
11:30 p.m. y la jornada cósmica inicia. “Como si fuera el último día de nuestra vida”, No hay Dolor calienta motores – y mortales - y te prepara para uno de los pilares de la noche, Reptilectric. Te aúnas al gentío y cantas o intentas cantar, con el corazón e
n la boca, evitando saltar y extender los brazos, pues funges de espectador no sólo para con los aztecas, sino para con la muchedumbre en derredor, y sabes que no hay uno que no parezca un miserable pidiendo tus remanentes. Mas no puedes evitarlo y terminas expandiendo la onda, tal vez no haya panetón o chocolatada, pero tienes a cinco magos otorgándote el fruto de toda su obra. “Quiero libertad en un mundo material… Sentir el amor sin volverme a enamorar”, oyes la canción, alelado, y crees haber descubierto finalmente cómo orientar tus futuras relaciones, mas no es así, Zoé lo hizo por ti. Poco después, con Vía Láctea, adquieres realmente la dimensión de lo que está sucediendo y decides olvidarte de todo. “Plomo, plomo sulfurando tu aliento, plomo recargado en tu voz, en tu día, tanta saliva, malva de niña fina”… Peace & Love provoca que la función se torne más explosiva y vigorizante, con un indómito tropel de cámaras digitales y celulares que intimidan a tu Canon de 7.1 megapíxeles. A pesar de ello, y de tu avinagrada voz, producto de los gritos – o del canto -, Nada se manifiesta en todo su esplendor y reparas en que los decibelios de aquella estancia no se deben únicamente
al mágico quinteto que ha permanecido cinco meses en el número uno en México, pues están también todas las féminas enardecidas con el baile de Larregui en el último minuto. “Revolver sexual… Para la ruleta rusa”. Si bien el hechizo persiste, te detienes un instante y te preguntas, henchido de la más absurda mezcla de admiración y envidia, cuál podrá ser el defecto de Larregui, quien, con una voz inefable, un atractivo natural, y un innegable talento, es el arquetipo del hombre ideal de todas tus chicas de ensueño. Pero no hay mucho qué pensar, Últimos Días hace su debut en este encuentro de leyenda con esas letras y esos efectos que, acompasados con ese júbilo sideral, resucitaría incluso hasta al más ignoto de los delincuentes asesinados extrajudicialmente por la P.N.P. “Ya no me destruyas, mejor desaparece, no rasques mis alas, que me duelen…” Asimismo, No me Destruyas, tu canción preferida, llega con un timing perfecto, coaccionándote a guardar la cámara y hacerte uno con la vorágine. “En tu planeta me quedé… Fue por un tiempo y nunca fue mi plan, pero mi nave se averió…” Por último y para que no te apedreen, cual adúltero somalí, surge Love, con el encanto único para finiquitar tan apoteósica velada. Crees que ha pasado mucho tiempo desde que la diferencia entre tu sudor y el de otro ser humano no existía, pero no te importa, pues acabas de ver a Larregui con la bandera peruana como manto y eso es más que suficiente. Dieciocho temas, tan etéreos como surrealista tu experiencia. Overwhelming. Estás satisfecho.
Si bien los rocanlovers mencionan un supuesto retorno, consideras que aquello no te atañe en lo absoluto. Memo Rex Commander y el Corazón Atómico de La Vía Láctea, Reptilectric y los demás álbumes han desfilado con sus mejores exponentes, concediéndote un espectáculo desgarrador. Una breve síntesis de su magia más poderosa. No hay pishtacos asechando, menos algún bus interprovincial que se vuelque en el camino, sólo un puñado de individuos todavía anonadados por aquellas galácticas melodías ¿Más de 150,000 copias vendidas? No te extrañas, sabes que ese número se incrementará. Zoé llegó para quedarse... A la industria, claro está… ¿A Perú? Quizá tengamos suerte, quién sabe, antes de que Chile nos declare que ya no aguantará más pulgas chacchadoras. Tú seguirás aguardando, incólume, a tus profetas galácticos.
Reptilectric, bienvenido a la Tierra.
Reptilectric, bienvenido a la Tierra.

Que vuelvan!
ResponderEliminarque bacan fue ese cocnierto chochera
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