Simio no mata simio. Esa fue la réplica del General Ursus al Doctor Zaius en Beneath The Planet Of The Apes (1970), al rehusarse a acabar con sus agonizantes congéneres, ignorando que aquello no era más que una mera ilusión. Como precepto esencial de aquella remota sociedad simiesca, que cada uno de sus peludos representantes daba por sentado, el viejo orangután calló. ¿Es que acaso ese monstruoso gorila hijo del celuloide es más sensato y puro que nosotros? Pues si en primera instancia descartas de tus opciones el eliminar a uno de los tuyos, sea por cuestiones eutanásicas o por que le puso una bomba a tu stand de telas en el mercado de Magdalena, no serían pocos los que lo dieran por cierto.
Lima está infestada de las más dispares criaturas, de todas las formas, tamaños, sabores y colores. Así es, camarada, el pintor de
Contamos con una diversidad que se da en casi todos los estratos y de manera insondable, mas en el fondo, somos, como diría tu profesor de álgebra – de ésa academia a la que asistes en la avenida Arequipa - al referirse a los productos notables, la misma chola. La misma basura de siempre, todo el tiempo, bajo tesituras distintas. Same old shit, different day. Todos los días de tu vida, con todas y cada una de sus noches, te haces la misma pregunta: ¿estoy haciendo lo correcto? En efecto, tal vez ni repares en ello, y se dé de manera tan insospechada como la velocidad con la que tus manos sustraen chocolates y pecanas de la sección de dulces y confites de Wong, pero es cierto. No seas hipócrita, colega.
Y es que, en vista de aquello, Lima, como ciudad condenada a una superficialidad y sanguinolencia exacerbada, sienta bien. Mientras que las pandillas de Pu
ente Camote destruyen las ventanas de tu casa en su escaramuza nocturna contra la banda de Antunéz de Mayolo, en tanto numerosas investigaciones sugieren que una astuta universitaria - asociada con su pareja- planeaba asesinar a su millonaria madre y al mismo tiempo, un execrable homicida en tu campestre Chosica envenena a su madre para luego suicidarse – después de estuprar, drogar y secuestrar a unos infortunados mozalbetes tan incautos como tú o como yo -, no queda más que sonreír y vanagloriarse con la infame frase no fui yo. Vamos, estás libando todos los días y de cuando en cuando adquieres unos huiros por ahí, o se infiltra algún alcaloide pintoresco y albo como la nieve. La nueva pareja de tu amigo resultó ser muy generosa de busto – y muy agradable a la vista, por cierto -. Y para coronar el pastel de degeneración, no le diste cincuenta céntimos a ese pequeño rapaz que quería venderte olé olés no por avaro sino porque ni siquiera lo pensaste. ¿Y qué?
Aproximadamente el 30% de la población peruana anida en este paraíso terrenal de la hipocresía, tan delicioso como palpable. La abulia frente a lo ajeno no nos es esquiva y las grandes jornadas a por nuestras satisfacciones son el pan de cada día. No tenéis de qué preocuparos, buen amigo. Ante toda eventualidad que acontezca, puedes contar contigo mismo, el cargo de consciencia se manifestará a destiempo, efímeramente, como siempre.
Son demasiadas atrocidades simultáneas, compatriota, y mientras colocas tu vasito de Inca Kola sobre una copia del Decreto Legislativo 1090 que te otorgó un estudiante de San Marcos, lo piensas, sopesas unos segundos y de pronto se esfuma la cuestión al retornar Al Fondo Hay Sitio de esos sofocantes comerciales.
Es muy difícil ser r
ealmente bueno en Lima. Sería inconcebible que creas que eres una mala persona. Toda la historia que arrastras en conjunto con todos los vicios que te circundan ha coadyuvado en tu transformación en este organismo tan plácido e ignorante. ¿Indolente? Entre toda la barbarie, no, no lo sois, en lo absoluto. El asesinato de aquel ambulante en jirón Caylloma no te hizo explotar en lágrimas, mas ahora no dudas en pagar tus deudas de dos soles. ¿Inconsciente? Of course. Cuanto te afectó el deceso de la otrora pareja de Melcochita, la vela que encendiste por ella todavía vive allí, bajo tu cuadro del Nazareno y junto a la foto de tu madre.
Quizá la ficticia cultura de esos simios del futuro enrevesado, cimentada en valores y disposiciones tan implícitos como inalcanzables, sea, en efecto, tan sensata y pura como pretende. Nunca dejarás de incurrir en error, mas siempre podrás compararte y sonreír, porque esa es tu hedionda y fascinante naturaleza. En tanto continúes conformándote en tu materialmente apacible condición de limeño, nada cambiará. Es una cuestión tan cíclica como toda la saga fílmica de los citados primates. Ad infinitum. Al menos podrías considerar que perteneces a esa destacable facción que sólo hace eso. No estás lidiando alevosamente con la ética de tu pueblo. Tampoco te has convertido en un ciudadano inmoral. Es simplemente que estás desprovisto de ella. Eres un monstruo amoral. Y te encanta. We got the road to hell in front of us, you damn brat. Servido.

Me gusta ser parte de esa maquinaria a pesar de no tener una cuota mínima de devoción católica como para confesarme con el curita.
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