martes, 8 de septiembre de 2009

No tengo el número de Raffaella Camet: Corso de Wong 2009

Lima como ciudad de tradiciones festivas no cuenta generalmente con una diversidad socio – cultural tan rica como nos gustaría, pues mientras las trabajadoras del hogar van al pozo de los deseos de Santa Rosa a depositar sus esperanzas de ascendencia laboral, las patronas facturan el presupuesto y meditan la posibilidad de despedir a sus empleadas y contratar a alguna chica recomendada por una buena amiga de la familia.



En el corso todo vale.

Sin embargo, como un evento no tan excepcional, el corso de Wong reúne en el populoso (Por un día y en otras oportunidades) distrito de Miraflores, gente de toda la ciudad, algunos que idolatran a Michael Jackson; otros, a Alicia Delgado. Fue así como se desarrollo el corso de Wong 2009, cuya fecha original tuvo que ser postergada debido a la amenaza global de una gripe cuyo peligro ha sido inflado por los medios y cuyas consecuencias mortales son estadísticamente menores a los de la neumonía.



Cualquier sitio es bueno para "chinear".

En esta ocasión, destinada a desarrollarse el domingo 6 de septiembre, nada trascendente y novedoso fue motivo de recuerdo para el futuro a pesar de los enormes protagonistas que ocuparon la atención general del excitado pueblo tales como los payasos gay marchando a par con los power rangers y los teñidos de Lazy Town; el ring pugilístico de Dento sin Kina Malpartida; y claro, la sensación de la tarde: Las “Matadorcitas” del vóley peruano. Entre ellas, siempre destacando por su agrasiada integridad estaba Raffaella Camet, quien luego me toparía a la espalda del café Z para poder conversar y grabarla para la promoción de este novato y prematuro proyecto, sin embargo, fracasé.


La heroína peruana del boxeo mundial mostrando su talento.

-Camet! Le mandarías un saludo a un blog llamado “La Moneda del Fiscal"?!
-qué?!


Para ese entonces un individuo de cuatro metros cuya naturaleza humana dudé desde el principio se llevó a la simpática muchachita y a sus colegas lejos del alcance de los plebeyos soñadores.


Por si las moscas...

No sé si algún día veré a Camet de nuevo y menos sabré si podré enamorarla, pero lo que sí me consta es que el corso de Wong seguirá cautivando individuos provenientes de lejanos lugares desconocidos para la pituquería limeña, y molestando a los miraflorinos cascarrabias.



Barney recurseándose luego de perder

el juicio por pedofilia.